lunes, 10 de septiembre de 2012

Septiembre I

Sobre la no heroica ciudad que aún así dormía la siesta ambigua de primeros de septiembre se posó lo que algunos lugareños no pudieron definir de otro modo que de podredumbre -era el final del verano, el regreso a los ritos obscenos y fríos de la estación de Mordor, la pronta llegada de un invierno que, como en Vetusta, no se iría hasta mayo-.

Aún así era agradable abdicar una tarde de los pequeños compromisos burgueses que no conducían a nada y vagar por las terrazas de la Plaza del Castillo, esa que venía a ser como el sofá del cuarto de estar (Pamplona) de casa (Navarra).

Pero ajena a la horrenda triple metáfora -la de antes, la que hubiera sido mejor suprimir- la tarde se jodía por momentos con respecto a lo que convencionalmente se entiende por buen tiempo pero que aquí -sobre todo si se desea sobrevivir más o menos cuerdo a partir de septiembre- no debe ser considerado como norma climática, sino más bien como excepción y rareza. Además corría una especie de brisa absurda -absurda porque aquí no hay mar, ni se lo espera- todavía cálida no tanto por venir del sur como por ser el remate final de temporada de las presiones y aires no resueltos de un verano excepcionalmente cálido, pero no tanto -eso es así, pese a quien le pese- comparado con lo que nos espera, durante las próximas décadas, hasta que todo pete, en no mucho tiempo.

Así, superpuesto a todo, sobrevolándolo, la sensación de fin de ciclo, el aire recalentado e insano, agradable y algo muerto como de melón maduro a punto de pasarse pero en su mejor momento si te atreves a comerlo. Y las parejas de municipales, ociosas y augustas en su paso suave, no tanto majestuoso como indolente, a tono con el medio circundante, haciendo acto de presencia innecesaria pero ornamental, propia del mejor reparto.

¿Y todo para qué? No lo sé, ni me importa. Para despedirnos con clase del verano, tal vez. O para mañana inventar un personaje entre tanta convención. Alguien que rompa la norma, un tipo serio que comience algo diferente. O simplemente para imaginar que, además de lo que ves, hay algo más ahí fuera. Sí, algo más.

 Y algo más para qué, puede preguntar alguien. Buena pregunta, tan buena que no sé muy bien qué responder. Lo que sea, mientras no nos aburramos...

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