viernes, 6 de enero de 2012

Ideología

Día de Reyes. Por cierto, me ha tocado el muñequito del roscón: un pato Donald, supongo que por aquello de lo intercultural: Roscón de Reyes en el día de la Epifanía de Nuestro Señor y muñequito de Walt Disney como premio. Bien. Por otra parte, estoy escuchando la Pasión según san Mateo, de J. S. Bach. Y voy a escribir sobre las ideologías, el TEMA con mayúscula, desde mi punto de vista. A ver qué sale. Aún están a tiempo de cerrar la web, va a ser mortal.

Ideología, según la segunda acepción recogida por la RAE, es el “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”. Con ejemplos: una persona puede tener una ideología más bien liberal, o bien todo un grupo o colectividad, o incluso el conjunto de una época: la heredera de la revolución francesa, americana e industrial, por ejemplo. Ideología de un movimiento cultural: como el “haz el amor y no la guerra” de los hippies, o la ideología más bien machista de las grandes religiones monoteístas, o la socialdemócrata descafeinada de lo que queda del socialismo europeo.

A partir de aquí, “ideas” sueltas, sin más, poco desarrolladas.

Una palabra que me gusta, sinónimo parcial de ideología: “cosmovisión”. La visión global que tenemos de las cosas, no tanto nuestro modo de encajar en el mundo, como lo que parece más complicado: que lo de ahí fuera encaje en nosotros. Cómo lo vemos y las ganas de moldearlo, y nuestro grado de empeño en que los demás “compartan” nuestra visión del asunto.

Comencemos con una clasificación: tipos de ideologías. Ordenadas en primera instancia según su “autoridad”, su capacidad de ser percibidas como la verdadera, la cierta (porque todas las ideologías son la única y la verdadera, faltaría más). En primer lugar, indiscutiblemente, estarían las ideologías religiosas (conocidas popularmente como “religiones”).

Las religiones son las ideologías más poderosas, no sueltan a los hombres, o los hombres no las sueltan a ellas, no sé. Son perfectas si aceptas el lote completo: su autojustificación no está en este mundo, no es comprobable, y tienes que tener fe para pillar el asunto. Vienen avaladas nada más y nada menos que por Dios. Pero para participar del rollo tienes que tener fe. La fe es, sin duda, el eslabón perdido, el cacharro ese llamado bosón de Higgs que están centrifugando en el juguete caro enterrado en Suiza, junto a las riquezas expoliadas legalmente. ¿Para qué lo buscan? Si queréis, ya os digo yo lo que van a encontrar al final: un bicho pequeñajo y cabrón con cara de enfado por llevar tanto tiempo esperando a que lo descubrieran, y que nada más sacarlo a la luz va a decir: a) sigue, sigue buscando a Dios. b) ¿No tienes fe? Pues te jodes.

Después de las religiones, vienen otras ideologías de nivel superior –si bien no tanto, ya que no están homologadas por Dios-. Son cosmovisiones globales, que aúnan en cada una de ellas asuntos muy importantes –si a lo largo de la humanidad ha muerto mucha carne de cañón por ellas, es que son importantes-. Hablo de patria, nación, sociedad, economía, y, por supuesto, política. Por ejemplo: el comunismo de Stalin, Mao ó Pol Pot, el nazismo. Un ejemplo actual: en estos días hemos visto las imágenes de Corea del Norte, los lloros por la muerte de su “Amado Líder”. Ese país es como un pequeño y cutre agujero negro en el tiempo, un reducto del peor siglo XX que sobrevive en el XXI; te retrotrae en un instante a la Rusia de las purgas y el Terror, la Alemania de la Gestapo o la Camboya de los jemeres rojos.

En un tercer nivel, cada vez más “desactivadas”, menos dañinas, pero manteniendo sus características, las ideologías se subdividen en numerosos grupos, de acuerdo al asunto en el que se centren: economía, política, cultura, sociedad… Lo común a ellas es que no son tan ambiciosas ni globalizantes como las del primer nivel (religiones), ni como las del segundo (cosmovisiones totalitarias). Se conforman con intentar configurar aspectos concretos y parciales de las personas, no absolutamente todo, como las anteriores. Por ejemplo: la socialdemocracia, o el liberalismo. El nacionalismo, dependiendo de sus características y de su mayor o menor ceguera y violencia, estaría en ocasiones en el segundo grupo, otras en el tercero.

Tal vez en tono de broma –o no-, podríamos hablar de un cuarto nivel, algo más doméstico y personal, en esto de las ideologías. Por ejemplo, el aficionado al fútbol que entre semana es una persona relativamente normal pero que al acudir al estadio deposita en la taquilla de la entrada su cerebro y adopta un engrudo semi-mental que comparte con la masa en la que se diluye para gritar cabrón e hijo puta al árbitro y sentirse bien cuando el delantero de su equipo mete goles y mal cuando su equipo pierde; éste también, de algún modo, es miembro de pleno derecho de una nueva ideología, con su propia liturgia, ropajes, templos, ídolos, cánticos y salmos. Igual exagero un poco, pero también en estas “manifestaciones culturales o personales” del cuarto nivel podemos distinguir algunas de las características de las ideologías que podemos ver a continuación, aunque sea en desorden.

1º. Las ideologías son excluyentes. Al menos, las que van en serio. O se impone y domina una, o lo hace otra. Por ejemplo, la religión -que estaba antes que el resto de las ideologías- ha sufrido persecución constantemente, o bien por parte de otras religiones, o por parte de otras cosmovisiones que ha ido montando el ser humano a lo largo de la historia. Como en un ecosistema cerrado o en una suma cero, otras ideologías han ido a por su cuota de mercado.

2º. Toda ideología tiene razón, mientras que las demás están equivocadas. Eso es muy propio de la naturaleza humana, la necesidad de tener la razón.

3º. Todas las ideologías son “buenas”, al principio. Grandes valores, discursos y palabras: paz, amor, solidaridad, el bien para todos, qué sé yo. Luego viene la aplicación práctica de esas fantásticas ideas, su confrontación con la realidad y con los otros, y la gente comienza a morir.

4º. Las ideologías suelen verse obligadas a saltarse sus principios, en pos de un objetivo final, excelso y perfecto, que nunca llega. Pero no es por su culpa: es por los otros, por las circunstancias, es algo “temporal”. A veces el que predica un Dios de amor se ve obligado a matar, el comunista a hacer negocios, el liberal a subir los impuestos y sobredimensionar el Estado. Pero no es por su culpa. Nunca.

5º. Las ideologías deben dominar las mentes, porque esa es la manera de llegar al corazón de las personas. Si éstas son mantenidas en un estadio de ignorancia, mejor. Que no piensen por sí mismas. Las cosmologías saben que si agarran a las personas desde pequeñitas, con mitos, luego les costará mucho a éstas desprogramarse, si alguna vez lo consiguen. Por cierto, hablando de mitos: todavía no he acabado de digerir el roscón de Reyes. Qué ardor.

Bueno, ya vale por hoy. Esta entrada al blog va a dar para mucho, pero en sucesivas entregas, novelas, años… La Pasión según San Mateo de Bach ya acabó y estoy con el segundo movimiento del Requiem Alemán de Brahms. Música alemana religiosa, muy adecuada para escribir esto de hoy. Para mantenerles a raya –a las ideologías, a la música, a los alemanes-, les recomiendo un par de libros: “1984”, de George Orwell, y, claro, “El juego de los abalorios”, de Hermann Hesse.

Buenas tardes, y a comerse el 2012.

2 comentarios:

Joseph Lara Abán dijo...

Saludos. Llegué por el twitter y ¡vaya clase que me dio con vuestros post! Ni qué decir con el título del blog: Cuando me preguntan por Hesse siempre reniego del Lobo estepario y digo Juego de abalorios, esa utopía tan celestial a la vez infernal. Nos leemos, ahora también por el blog.

Lucio Recalde dijo...

Será un placer verle por aquí o por su blog y twitter. Saludos, Lucio.