domingo, 11 de diciembre de 2011

Fotografías I



   
A tenor de la fotografía, podríamos pensar que parece que por fin algo va cambiando en la Iglesia con respecto a la utilización de preservativos. Pero no, no se animen. Los cinco posiblemente lo estén pensando: "parecemos condones, ya verás. Mañana salimos fijo en todas las televisiones. Sobre todo en las rojas, claro”.

  El señor de la izquierda no tiene intención de bajarse más el plástico, quiere dejarse las manos libres y ha intentado recuperar cuanto antes la pose y dignidad moral anexa a su cargo. Piensa: “la Cristiandad amenazada y vosotros riéndoos de minucias, atendiendo al vano poder de la estética. Vanitas vanitatum”. Pero se sabe ridículo. Vulnerable.

El siguiente por la izquierda, en segundo plano, siempre sonríe.  Es el cuco del grupo. No hay nada de lo que no pueda reírse cuando sabe que puede hacerlo. Si ahora toca ponerse eso encima para seguir viviendo como vive, lo hará. Es feliz por sistema. El tercero -el del centro- ha avanzado bastante en el proceso, pero se ha dejado el gorrito púrpura debajo de la goma y ahora tiene que bucear con la mano izquierda debajo de ella para rescatarlo. Tiene aspecto de haber estado en Misiones y resulta el más natural. Enseguida descubrirá que basta que se lo estire hacia abajo por detrás, y que entonces encajará perfecto, sin arrugas.

El cuarto -segundo por la izquierda- ha comenzado por la capucha porque no tiene ninguna intención de acabar y ponerse la protección. Mira al obispo de la izquierda –al primero, con el que no se lleva bien-, toma conciencia de su patetismo y decide no pasar por lo mismo así caiga un diluvio o se derrumbe la columnata de la Plaza del Vaticano. El quinto y último, pudoroso, se gira un poquito respecto a los demás y hace sus evoluciones. Va por buen camino.




Ya faltan menos de 220 días para Sanfermín. Eso no es nada. Quedan 20 días para la primera escalera, el uno de enero. Antes me ponía nervioso con estas cosas, ahora ya no.

No es el caso de nuestro protagonista. Por dónde empezar. Hay tanto que decir… Lo primero, que es un “homo pamplonica” de pura cepa. Zapatillas de deporte buenillas pero prescindibles, destrozables. Cómodas, principalmente. Uniforme sanferminero aceptable –tal vez esos ribetes negros del polo sobran…-, pañuelo y delantal, aunque la total ausencia de manchas le delata: no ha estado con las peñas, o mejor, se ha estado los seis toros fuera del tendido ocupándose de los calderos y de la logística de su cuadrilla, y de beber. Lo mejor de todo creo que es la trinidad –una y trina- del colorcillo de su rostro, la concentración en su papel de torero en la barrera y el vaso de kalimotxo revenido y a medias. El capote, una almohadilla de las nuevas de la Casa de la Misericordia.

P.D.: nótese la arena con sangre amontonada junto al chaval, y el programa de mano del espectáculo arrugado a sus pies. Pura civilización y cultura patria.



El cuervo de la izquierda observa a su amado Dick -su pose augusta, entre ofendida y digna- y vuelve a preguntarse si no será mejor probar fortuna en otra parte. Ha oído que en estados vecinos –Oklahoma, Nuevo Méjico- han aprobado nuevas reservas naturales, y que allí nadie hace preguntas y cada uno va a lo suyo. Pero ni se le ocurre planteárselo a Dick. Él es oriundo de Texas y vota a los republicanos, y ya le ha dicho alguna vez que no piensa dejar su estado si no es para quemar la Casa Blanca.

Dick está enfadado, y el cuervo de la izquierda reconoce que fue por su culpa, del todo. Se pasó con el alcohol en la fiesta del condado, la que se hace cada año para recaudar fondos para el partido. El cuervo de la izquierda no soporta bien el alcohol, y bebió más Jack Daniels de la cuenta. Así que cuando comenzó a sonar esa canción de ZZ Top que tanto gusta a Dick y que suelen bailar bien juntitos cuando nadie les ve no pudo evitar acercarse a su cuervo y comenzar a decirle cosas guarras al oído mientras le rodeaba con las alas. El cuervo de la izquierda juraría que por un instante Dick iba a reaccionar como siempre –y hasta aquí los detalles íntimos- pero su cuervo enseguida comprendió dónde estaba y con quién. Le miró aterrado y levantó el vuelo dejándolo allí solo en la fiesta, rodeado de todos los pájaros republicanos, que le miraron raro y siguieron bebiendo.

El cuervo de la izquierda dejó pasar dos días para que a Dick se le fuera disipando el enfado y luego voló a buscarlo al único sitio en que sabía que podía estar. Allí, en la valla de la finca de los Bush donde se habían conocido hacía ya 8 años. Al principio, el cuervo de la izquierda se posó bien lejos de Dick, para que éste le viera pero no se sintiera inmediatamente presionado. Luego, a saltitos de tres en tres unas veces y otras corriendo primero la pata izquierda y luego la derecha como una bailarina clásica ensayando ante el espejo se había ido acercando, despacio y parando inmediatamente cuando veía que Dick se giraba a mirarlo. Cuando el pájaro de la izquierda estuvo ya junto a su cuervo comprobó que también había estado echando de menos, sin saberlo, su olor. Dick se giró un momento para mirarlo, pero no dijo nada. Volvió la cara hacia donde miraba antes, hacia donde posiblemente había estado mirando todo el tiempo mientras le esperaba. El pájaro de la izquierda comprendió que le tocaba a él comenzar.

- No sé, cariño, por qué sufres tanto después de tanto tiempo. No creo que seamos los primeros cuervos –ni los últimos- que se amen. Además, en el condado ya todos lo saben …

- Calla, loca. Bueno, loca no: locaza.

2 comentarios:

NtC dijo...

La foto de los cuervos es fascinante. Parece el destino que siempre es inevitable.
Un placer pasar por aqui.

Lucio Recalde dijo...

Me alegro de que te haya gustado.
Procuraremos que el placer continúe.

Un saludo.