sábado, 12 de noviembre de 2011

Filantropía


 Hoy, un cuentito hecho en dos horas y media, no le pidan demasiado... Saludos.


FILANTROPÍA

-El primer escenario que contemplo, el que opino que tiene más posibilidades de que ocurra…
-Perdone –interrumpió la Chica al Investigador-, ¿es que hay varias posibilidades de que el ser humano desaparezca de la Tierra en menos de 50 años?
-Déjale que hable, no le interrumpas –recriminó a la Chica su actual pareja, el Filántropo-. Continúe, por favor –dijo éste al Investigador. 
Frente a la Chica y al Filántropo, desde detrás de sus gafas gruesas como el vidrio de un telescopio astronómico, el Investigador miró primero a ella sentada a su izquierda, y luego, girando el rostro un poco hacia su derecha, enfocando sus cristales hacia el multimillonario, continuó su explicación.
- El primer escenario, el más probable, es el de una explosión nuclear en una gran ciudad de Estados Unidos o de Europa. La explosión no tiene por qué estar directamente relacionada con el reciente bombardeo de Israel a las plantas nucleares de Irán, pero nadie dejará de asociar una cosa con la otra, de algún modo. Porque sea quien sea la organización que introduzca la bomba en esa ciudad de Occidente, se acusará a los islamistas. Enseguida Israel borrará automáticamente del mapa, con bombas nucleares y como medida preventiva, lo que queda de Irán, y de paso posiblemente también Siria y el sur del Líbano. Eso será una provocación que el resto de países árabes, sobre todo Egipto, no podrá obviar, y entrarán en guerra. Mientras, Estados Unidos tendrá que apoyar como siempre a Israel para que no acabe bombardeando también a Turquía y Arabia Saudita, cortando el flujo de petróleo a Occidente. Aunque obviamente, ese flujo ya se habrá cortado. Para siempre.
El Filántropo escuchaba como si todo formase parte de una broma. Había convocado a aquella reunión al Investigador por el reconocimiento del que gozaban, entre la comunidad científica y los gobiernos occidentales,  sus últimos estudios sobre geopolítica y estrategia global. El Filántropo había decidido que un experto de primer nivel se encargara de asesorarle acerca de dónde invertir un cuarto de su fortuna, 5.000 millones de dólares, en la mejora de la humanidad. Y el individuo elegido, aquel Investigador sentado en su sala privada del Savoy de Londres, frente a él y su Chica, aquel tipo extraño al cual se había molestado en enviarle su propio jet privado para sacarlo de la pequeña ciudad del medio Oeste donde daba clases entre paletos y campos de maíz le decía ahora que en menos de una o dos generaciones la humanidad volvería a la Edad Media, en el caso improbable de que sobreviviera a su aniquilación. Al planear aquella reunión, el Filántropo incluso había pensado que todo aquello podría distraer algo y hasta divertir a Selene, su Chica, y apartarla durante un rato de la obsesión por estar delgada y provocarse el vómito cada cuatro horas.
- Lo más interesante de todo esto –comentó el Investigador sonriendo, satisfecho de su sagacidad por cuenta de la tremenda paradoja contenida en lo que iba a decir- es que, con casi total seguridad, los de la bomba no habrán sido los islamistas, sino los viejos enemigos rusos, o los nuevos, los chinos. Sea quien sea, habrán actuado con inteligencia: en vez de iniciar una guerra clásica para acabar con el actual imperio -una guerra que no pueden ganar- e imponer el siguiente régimen –el suyo-, parecerán lamentar lo ocurrido mientras siguen tomando posiciones ante el viejo competidor debilitado, que ya no levantará cabeza.
- Usted ha citado también a Europa –interrumpió el Filántropo-. ¿Y si la ciudad atacada está en Europa? Estamos en el corazón de Londres. Aquí comía y bebía Churchill.
- El Savoy. Un buen lugar, sí –el Investigador miró el lujo a su alrededor como calibrando los efectos que pudiera tener una explosión-. Una pequeña bomba sucia, lo justo para volar 10 o 15 manzanas a la redonda. Sí, podría ocurrir aquí, perfectamente. La bomba podría estar ahí fuera, en cualquier camioneta o todoterreno.
En el fondo de los ojos de la Chica chispearon levemente dos fugaces notas de vida, como si acabase de chupar un azucarillo, y dibujó una leve sonrisa. Se descalzó sus zapatos de 1.600 libras, y aprisionó con sus pies el tobillo derecho del Investigador, algo alejado de ella. Éste se quitó las pesadas gafas y las desempañó con una servilleta de papel. Sus ojos eran diminutos, dos bolitas negras como de gamba incrustadas en el fondo de un rostro aniñado, pese a sus 42 años.
- El segundo escenario –continuó, pese a todo, el Investigador-, comenzaría con el colapso del sistema financiero, bancario y crediticio.
- Eso ya lo hemos superado. Hemos ordenado las cuentas. Las de Europa, al menos –atajó el Filántropo-. Olvídese. Los gobiernos ya saben lo que tienen que hacer.
- No es suficiente. Resulta que es a ustedes y a los gobiernos a quienes se les ha acabado el crédito. Se ha instalado la desconfianza entre la gente. Aquí en Europa han estado a punto de que todo colapsara. Y eso casi ha ocurrido varias veces en un lapsus de tiempo relativamente corto. Ustedes le han dicho a la gente que el sistema funcionaba, pero que venían tiempos duros porque se habían hecho mal las cosas, que debían bajarse los pantalones…
-¿Cómo? –el Filántropo simuló indignación aunque sabía que no estaba en posición de imponer nada, ni siquiera de dejar constancia de un simbólico enfado. Se notaba que el Investigador no tenía el menor interés en encargarse de llevar adelante su proyecto filantrópico, y que podría levantarse e irse en cualquier momento. Volvería con sus gafas y su aura de desinterés existencial a su pequeña y perfecta vida de rata bibliófila ordenada y metódica. Olvidaría el viaje a Londres, el Savoy y la entrevista, o la acabaría confundiendo con un sueño. Mientras, él, el Filántropo, tendría que buscarse a un segundón de menos renombre e impacto mediático para invertir su dinero y conseguir así el halo de Gran Hombre que le permitiese ganar a quien fuese cuando Cameron dejase el gobierno y el liderazgo de los conservadores. Mientras, por debajo de la mesa, unos pies iban reptando por la pierna del Investigador, comprobando satisfechos su dureza y volumen.
-No se ofenda, es una metáfora -se excusó el Investigador-. Ustedes y los gobernantes les han dicho a los mortales que han vivido por encima de sus posibilidades…
-Es cierto. No se puede gastar lo que no se tiene.
-Ya. Pero lo importante es que esta vez ellos sí se van a preguntar en serio por qué, mientras su escaso dinero desaparece, el de ustedes no. Ustedes lo tienen. Parece que ustedes hagan el dinero. Acumulan capital constantemente. Esta vez irán a por ustedes. Será un saqueo a escala mundial, el orden se vendrá abajo, y la democracia desaparecerá. De nuevo, o totalitarismo o teocracia, si es que hay diferencia. Segundo escenario.
La Chica comenzó a recrearse en la posible vida sexual del Investigador. Posiblemente se reduciría a impresionar a las alumnas de las primeras filas de la clase, hacer chistes en el momento adecuado y mantener esa calculada distancia académica que a los jóvenes tanto les gusta perforar. Algo conseguiría, posiblemente, en su estrategia. Un trofeo muy de vez en cuando que conservaría en su memoria hasta que se fuese desdibujando con el tiempo, sobreviviendo algo más de tiempo que el olor de la presa marcado en las sábanas. Sin embargo, allí en aquella sala privada del Savoy, bajo el hostigamiento de sus embestidas bajo la mesa, el Investigador apenas la miraba ni le hacía caso, mantenía el tipo y demostraba que sabía jugar sus cartas.
-¿Y cuál sería el tercer escenario? –preguntó la chica con una media sonrisa, mientras adentraba su pie derecho en el hueco del ángulo cerrado que formaban uno contra otro los muslos del Investigador.
-Por supuesto -respondió el Investigador sin mirarla, como si la pregunta se hubiera generado sola- la insostenibilidad ecológica. De modo acelerado desde la Revolución Industrial, vamos acrecentando nuestra huella ecológica sobre el planeta, y ya hemos sobrepasado el punto antes del cual podríamos arreglarlo. Los mitos del liberalismo económico -crecimiento y progreso constante, consumo, superación personal, culto al dinero y al éxito material- se apoyan sobre la explotación de los recursos del planeta. No es sostenible. Los recursos ya se están acabando. Da igual qué suceda primero: puede ser el fin del petróleo, el cambio climático, desertización, tormentas y sequías, la inundación de las ciudades a menos de 10 metros del nivel del mar… o incluso una nueva glaciación. Con todo, esta tercera posibilidad, aunque no se lo crean, es la que contemplo a más “largo plazo”. Largo plazo me refiero a 50 o 100 años, máximo. De todas formas, el avance en este escenario provocará distorsiones en progresión geométrica: se acelerarán la desestabilización política y social, las tensiones internacionales, las emigraciones masivas. Pero no se preocupen. Es muy probable que antes de este tercer escenario se dé el primero o el segundo. O los dos.
El Filántropo y su Chica se miraron un instante, y se dieron la mano. Luego se giraron hacia el Investigador.
-¿Y qué nos recomienda, profesor? –preguntó el Filántropo.
Con un pie aprisionando su sexo, el académico se concedió un instante para ser consciente de cómo éste crecía y reaccionaba al contacto. Luego, mirando primero a la Chica un instante nada más y luego al Filántropo, respondió, mientras se atrevía a tomar la mano libre del hombre entre las suyas, sonriéndole e inclinando algo la cabeza, torciéndola un poco a un lado:
-No tengo todas las respuestas, querido. Pero sabiendo hace tiempo todo lo que te he contado, ya sólo me limito a disfrutar de cada instante, de cada alumno, de cada pie que juega bajo una mesa.

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