Hoy no sé acerca de qué
escribir. Me refiero al blog, a esto. En la novela sí lo sé, todo es más claro:
primera versión del segundo fragmento del segundo capítulo. Hacia el final del
tercer capítulo, ocurrirá el “primer punto de giro”, de cariz negativo: un
quiebro en la línea que sigue la historia para que el protagonista, y también
todos los demás, tengan que reaccionar, y cambiar.
Cambiar. El cambio. Ahora se
habla mucho sobre el cambio. Ya está. Es sobre el cambio. En serio que no tenía
pensado escribir sobre eso, aunque parezca preparado. A veces escribes algo, lo
que sea, y ya ves por dónde tiene que ir.
Son buenos tiempos estos para
cambiar, otra vez más. Qué envidia los que creen en algo y lo mantienen. Qué
candor, qué pureza. No recuerdo el número de partidos políticos diferentes que
he votado en mi vida; hoy otro más, uno nuevo. Respecto a una visión económica,
mejor ni hablamos: he dado bandazos y más bandazos. Menos mal que, en lo
religioso, lo tengo claro: religiones no, gracias. Ya han llegado demasiado
lejos, ya han fastidiado demasiadas vidas.
Esto de cambiar creo que me
viene a la cabeza por cuestiones de estas últimas semanas: lo de los mercados,
las elecciones, y Twitter. El Twitter ese es adictivo: empiezas poco a poco
como pidiendo permiso para seguir a alguien, para mandar ilusionado alguna
chorrada al viento, y luego resulta que te lanzas y es peor que llamar a
teletienda a las cuatro de la madrugada. Lo de siempre, la novedad.
En el Twitter “sigo” a un montón
de gente: me parece muy interesante leer lo que dicen otros. Soy muy
escrupuloso con las listas, me gusta intentar clasificar por los temas que
tratan las personas, aunque sé que no siempre va a funcionar,
afortunadamente. Literatura, cultura, Navarra, política son algunas de las listas
que he creado, asuntos a los que presto más atención.
Sin embargo, la lista que más me
gusta es la que no he hecho yo, la que sale por defecto, la pared inicial de
Twitter donde se recoge, cronológicamente, todo lo que escriben, referencian o
retuitean las personas a las que sigo. A veces gotean unos pocos tuits, de uno
en uno, o a lo mucho agrupados de tres en tres. Otras veces –recuerdo cuando
sucedió el debate televisivo Rubalcaba-Rajoy alias Rubaljoy- los mensajes entraban por decenas, todos
de golpe. Los partidos políticos, los militantes y simpatizantes, contertulios
y periodistas, todos opinando. Aparte del tradicional posicionamiento a favor o
en contra de uno u otro candidato, había un respetable porcentaje de tuits que
comentaban el absurdo del debate, del gasto que había conllevado, del
despliegue y de la atención que había suscitado.
Realmente, ¿es posible un
cambio? Y me refiero a un cambio no sólo político, sino de más calado, y no
sólo en España. El caso es que no lo sé, pero no lo creo. Reconozco que, en
estos momentos, estoy escuchando “Claro de Luna” de Beethoven, y no es la mejor
de las músicas para tomar iniciativas que vayan más allá del mantenimiento de
la depresión mental. Siempre que se han intentado cambios de verdad, los
creyentes en la doctrina o dogma o ideología o religión que fuera han muerto
siguiendo las consignas de los que no morían pero sabían por qué motivo era
digno que muriesen sus seguidores, la carne de cañón. Pasado un tiempo, los
líderes que habían conseguido licuar ese supuesto cambio en poder -como los
cerdos de “Rebelión en la Granja” de George Orwell- acababan caminando sobre
dos patas y confraternizando con el viejo enemigo para mantener el nuevo
Sistema instaurado. No sé.
El otro día
comentaba con un tuitero de Colombia que con las ideologías había que tener
cuidado, que te crees libre de ellas, te descuidas y en un momento ya estás
predicando. Espero que esto no sea una prédica, sino una plática sin más
intención que ordenar un poco unas ideas desactivadas, inoperantes e
inofensivas. Ideas que creo que al final gravitan en torno a la segunda opción
de las tres que presenté en la entrada anterior del blog, el cuento “Filantropía”:
el hartazgo y el fin de ese paréntesis histórico que ha sido Europa desde los
años 50’ –ese Camelot con pies de barro-.
Así que,
mejor que con Beethoven, les dejo con Pink Floyd, y su “The Wall”, para los
jóvenes. Contra la mala educación. Saludos.
1 comentarios:
Yo hasta hace poco desconocia Twitter y reconozco que me ha sorprendido agradablemente. He aprendido mucho de frases muy cortas y me parece estimulante...
Por cierto soy Pérfida
Un saludo coleguita
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