Ésta va a ser una entrada al
blog algo dura, y rara. Espero que nadie se ofenda.
Hoy ha muerto el piloto italiano
Simoncelli. El cinco de octubre murió Steve Jobs. Entre el fallecimiento de uno
y otro, en estos 18 días –y según datos de la ONU-, han muerto 432.000 personas
de hambre.
Facebook y Twitter son un buen
medidor de por dónde van hoy en día las cosas. Primero las agencias
profesionales y los medios de comunicación dan la noticia que sea, luego los
auto-gurús de las redes sociales las rebotan como dándoles carta de
autenticidad, y, si la noticia es negativa, en unos minutos se ha creado ya
como una neblina de sensiblería compartida, una especie de rezo comunitario
postmoderno. Hoy al mediodía, el Telediario de La 1 ha dedicado sus 12 primeros
minutos al accidente de Simoncelli, a modo de aperitivo.
También ocurre algo parecido con
el otro polo del espectáculo, el de las buenas noticias. ¿Os acordáis cuando
España ganó el Mundial de Fútbol? Los jugadores haciendo el minga con las
radios de los pilotos de Iberia, el paseo de los héroes en autobús descubierto
por Madrid… Toda España contenta, como si todos hubiésemos ganado algo.
¿Por qué hoy en día nos
alegramos y nos entristecemos a la vez? Es como si nos lo mandaran. Llega la
Navidad en El Corte Inglés: alegría. Muere un famoso: tristeza y frases bonitas.
Mueren 24.000 personas de hambre al día: no es noticia. No ocupa en los medios
de comunicación los minutos al día que la gente de Occidente dedica a
informarse, a crear conciencia y opinión. Es como si hubiese un muro
informativo, y sólo a veces una noticia aislada de hambre consiguiese romper
nuestra barrera de protección.
Recuerdo algunas imágenes que se
dan de vez en cuando: llega ayuda humanitaria a alguna región de África: sacos
como de pienso con las iniciales “USA”, y la bandera norteamericana. Engrudo
que se mojará con agua –si la hay- y se servirá en cuencos de plástico sucio o
metal viejo y se comerá con las manos. A unos miles de kilómetros y sólo unas
horas de avión –no en otro planeta, ni en otra dimensión- jugamos con nuestras
iPods y vemos las motos. Otros –entre lo que me incluyo-,
más esnobs, escuchamos música clásica y leemos literatura forrando de cultura muerta
nuestro pequeño y supuestamente bello mundo perfecto de mierda.
Lamento la muerte de Simoncelli
y de Jobs. El uno decidió ir en una moto a más de 200 kilómetros por hora, el
otro –parece ser- tratarse su cáncer a base de raíces y vegetales. Pero me
gustaría pensar que voy aprendiendo a no lamentar esas muertes más que las de otras
24.000 personas, hoy. De hambre.
2 comentarios:
!Qué grande eres Lucio!!!
Se agradece una gota de agua discordante en medio de este gran oceano de mentiras y mediocridad.
¿Medios de comunicación??? Me voy a replantear la proposición de "Alf" de crear el programa de radio. Notas discordantes para melodías no aptas para borregos!!!
En fin, voy a abrirme unas latas para sumergirme en mi submundo poligonero jajaja
Un abrazo y sigue escribiendo!!!
P.D. Conforme dé a la tecla "enviar" me pongo a leer el resto de entradas. Prepárate para mis sagaces comentarios!!!
Gracias campeón, duro con las latas.
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