Si hay algo que se me escapa,
como si estuviese en clave, encriptada, es la política. A ver: comprendo que es
muy importante –posiblemente lo más importante, ya que en el momento en que
estamos más de dos todo se complica y hay que organizarse, como en el chiste-.
Pero no, no lo pillo.
Antes era más fácil. Antes de
la Revolución Francesa y Americana, digo. Siempre mandaba uno, y ya está. De
vez en cuando quería mandar otro, y se hacía la guerra o se ponía veneno en la
comida del que estaba, y listo. Luego se limpiaba la sangre y los destrozos, y
venía el chamán de turno a bendecir lo sucedido y a decir que a Dios todo aquello
le parecía muy bien. Después –y antes- el chamán hablaba al oído del nuevo
mandamás. Bueno, más bien le metía la lengua por una oreja, limpiaba la
concavidad interna del cráneo con la sinhueso y la sacaba por la oreja opuesta
a la primera. Así había sido siempre, vamos.
Luego llegó el XIX, las
derechas y las izquierdas, las elecciones, y las cosas se volvieron más
difusas. Pero es igual, vamos al lío. A ver, hoy, en España: ¿qué pasa? Pues
vaya usted a saber, que diría aquel. Va un intento de descripción.
Hay dos grandes partidos, y
luego otros. Los otros son menores, pintorescos, o se quieren ir. Éstos últimos
están pero sólo de momento, mientras no puedan irse. Resumiendo: “el tsunami
bipartidista”, que dijo un montón de veces Llamazares aquella noche en que
perdió tropecientosmil votos.
Yo creo que estarían bien dos
cosas, aunque dentro de un rato posiblemente piense lo contrario o cualquier
otra cosa: o que la democracia fuera más real –listas abiertas, que la gente no
tenga que dejar su alma por el camino para ser primero nombrado dentro del
partido y luego al llegar al poder ya no cambiar nada porque el Sistema lo ha
cambiado-, o que, puesto que ya se sabe que van a mandar ellos dos
alternativamente, que llegaran a unos puntos mínimos de acuerdo. ¿Hay que tener
un déficit del carajo? No. ¿Hay que mantener la educación, sanidad y protección
social públicas? Sí. ¿Debemos dejar que la fauna y ecosistema propios de
Telecinco sigan reproduciéndose sin control alguno? No. Puntos sencillos, vamos.
Jeje. Qué tontería más grande.
Les prometo que no he bebido. Claro que no hay puntos sencillos. Si uno de esos
partidos dice algo que está bien, el otro dirá que está mal. Y lo que es peor,
si uno dice que algo está mal y lo está de verdad, el otro dirá que está bien y
no hará nada al respecto. Ninguno asumirá responsabilidades ni dimitirá nunca,
bajo ningún concepto. ¿Cuándo oiremos decir a un político “lo siento, me
equivoqué, he defraudado a mis electores y pido perdón”? Nunca dirán “me
arrepiento”. Porque en este país cualquiera que haya rozado mínimamente el
éxito en el campo que sea tiene que decir “ha sido muy duro, cambiaría algunas
cosas, pero no me arrepiento de nada”. ¿En qué quedamos? ¿Cambiar algo no es
arrepentirse en cierta manera? Qué chulería. Es como si los delitos y las
faltas se desdibujasen o perdiesen gravedad porque los del otro partido son los
que han puesto la denuncia.
Luego, aún habrá alguno que se
extrañe de que la gente se canse, y pase de todo. Hay mucha gente indignada,
y de todos ellos, los que han estado en la Puerta del Sol o en otras manifestaciones son un
porcentaje mínimo. “Son unos perroflautas”, dirán en El Mundo. “Son los de la
ETA, que diversifican su estrategia para confundirnos”, dirán los de
Intereconomía y La Gaceta. Chorradas. Es gente harta. Y hay mucha gente harta,
desvinculada.
Siempre he tenido una idea
estúpida acerca de los políticos. En el fondo, me recuerdan a los artistas
–músicos, principalmente- que se ponen frente a un auditorio. Están ellos, su
trayectoria, y sus cojones para que todo encaje. Su soledad es la del músico
que viaja de bolo en bolo. Saben que fuera del poder hace frío, mucho frío. Lo
primero es ser elegidos, lo segundo ser reelegidos. Y eso lo comparten todos,
es su modo de vida. Por eso los rivales políticos se saludan como si nada
después de decirse todo lo que se dicen cuando las cámaras graban. Se miran a
los ojos y saben que están en política, y en un instante se comprenden y
confraternizan. Otras veces en que me encuentro más bienintencionado pienso que
esa cordialidad en lo personal es necesaria, algo así como vías abiertas para
que la comunicación siempre sea posible entre modos diferentes de entender la
sociedad, igual que entre la gente a la que representan. No sé, ya digo que sobre
este tema tengo más dudas que de normal, si es posible.
Nada cambia mientras tanto, y
los mercaderes y chamanes se frotan las manos, y susurran a los oídos de los
políticos, lubricándolos. Y es que ya se sabe: pequeños cambios son necesarios,
de vez en cuando, para que todo siga igual.
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