sábado, 3 de mayo de 2008

De ratón a hombre

El pequeño ratón no comprendió a tiempo que devorar libros le habría de llevar a lo que nunca podría ser. Pero eso no le importó ni siquiera cuando fue mayor para darse cuenta de ello, ni aún cuando era demasiado tarde para reaccionar. Aceptó el cúmulo de errores –o aciertos- que le habían llevado a esa situación con la dignidad mísera de los que no tienen nada más que eso: la dignidad.

En el principio de todo comenzó sin pretensiones, con obritas menores para niños: Los Hollister, Los Cinco. Familias numerosas que hablaban de un american way que no tenía que ver con él, pero que no tardó en envidiar. Envidia y arte, siempre de la mano.

Luego vino Alberto Vázquez Figueroa, el aventurero. Mientras las demás ratas –ya no era un ratón: había crecido- se entretenían con la realidad él prefería escaparse a los mundos de La Iguana, Tuareg, Nuevos Dioses, Vendaval, Océano, Yaiza, Mar Adentro… No eran malas lecturas para esa edad, justo en el momento en que los ratones se hacen ratas.

Al poco comenzó una de sus interferencias más notorias: la música. Era más rápida, más fácil. Hubo un día en que las notas explotaron en su cabeza al escuchar las canciones: los acordes de dibujaban solos y era posible seguirlos como si fuera una lectura a primera vista. Y comenzó el embrujo de lo fácil, el que nunca debió seguir.

Después, siendo ya un gato de angora, vinieron las lecturas de instituto: El Quijote, El Árbol de la Ciencia, Gabo, El Sí de las Niñas, y por encima de todos ellas una, sin duda: Tragicomedia de Calixto y Melibea y de la Puta Vieja Celestina. Por primera vez, una voz de hace 500 años le hablaba del poder del deseo, de la pasión, del sexo. Envidia y sexo: Arte.

A continuación se convirtió en un perro sumiso. Vinieron años de silencio en los que sirvió a dioses ajenos. Años en que hizo lo que se supone que debía hacer. Años perdidos. No se aprecia lo que ganas o tienes si no lo comparas con lo que perdiste, o al menos con lo que dejaste de ganar.

Pero el perro se cansó, y se convirtió en un lobo: un lobo estepario. Siddartha, Demian, El Juego de los Abalorios, El Viaje a Oriente. Un lobo amable que a través de sus amigos y sobre todo gracias al mejor de todos ellos se reconcilió con el mundo.

Un lobo que empieza a ser hombre.

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