sábado, 12 de abril de 2008

El adjetivo adecuado

Y de qué escribo hoy. De qué escribo, de qué escribo…

El otro día me comentaba uno de los pocos lectores de este blog que la última aportación era para salir del paso. Y la verdad es que no le falta razón.

Sin embargo, no dejo de sentir cierto orgullo estúpido e infantil al mirar atrás y ver lo que hay publicado por ahora. Salvo en los casos en que he echado mano de escritos anteriores, el resto ha sido hecho como mucho en hora u hora y media, en las tardes de los sábados, como hoy. Si corrigiera o pensara este blog como los cuentos que tengo por ahí, no publicaría nada. Uno de ellos va por la duodécima revisión, sólo le faltan dos o tres vueltas más y sin embargo tengo dudas de que lo termine antes de junio, fecha límite en que debe estar acabado. Otro está en la octava corrección, y le queda más o menos un año para que se salve de acabar en la basura. Y así varios. Es de locos.

Recuerdo el prólogo de un libro, “Plegarias Atendidas”. Estaba escrito por el editor, y comentaba que solía coincidir con el autor, Truman Capote, en qué adjetivo había que cambiar en determinado cuento, antes de que éste fuera publicado. Un adjetivo, una sola palabra, que cambiaba el sentido de toda la historia, que aportaba un matiz que no se correspondía con el tono o con lo que el cuento quería contar. Y coincidían los dos, en esa palabra y en la que debía sustituirla, justo antes de ir a imprimir.

Pero es igual. Hablemos de cosas más importantes. Sanfermín. Menos de tres meses.

Ya no falta nada. Y cuando digo esto estoy usando una de esas frases hechas que no se deben utilizar nunca en ningún escrito con una mínima pretensión. Pero es que es verdad. Ya no queda nada.

Porque vamos a ver. Abril. Sí, vale, trabajamos, y tal. Pero el puente de mayo está ahí, enseguida. Y luego en mayo hace muy bueno y salimos y el día es largo y para cuando nos damos cuenta ya está junio. Y junio ya es Sanfermín. Es una continuidad no declarada de las Fiestas. La gente se mira por la calle con complicidad, sonríe pensando en cómo se lo van a pasar en breve. Cuando hay problemas en el tráfico o a la hora de aparcar los conductores se cabrean como siempre, naturalmente, pero de un modo solidario, porque saben que están intentando dejar todo acabado y hecho y atado y bien atado antes de que llegue el día 6. Y surge cierta camaradería que suaviza los roces.

Luego está andar por el Casco Viejo y ver los camiones de reparto de bebida. Los repartidores deben planificar cómo ir suministrando a los bares todo lo que han pedido para que no nos muramos de sed en esos días de fiesta. Se llenan a conciencia bodegas, bajeras, trasteros, buhardillas, baños, cocinas, pozos medievales, fosas sépticas con un arsenal de bebida que si fuera pólvora y explotara a la vez no dejaría de Pamplona más rastro que un hueco desde Francia a Zaragoza. Pero no explota. Simplemente nos lo bebemos, con disciplina y método, como nos han enseñado nuestros mayores. Y a los mayores hay que hacer caso. A veces.

Y luego están las tiendas de ropa. Llega un momento en que los escaparates sacan el blanco y rojo a la vista de todos. Y claro, ya no se puede. En esas condiciones no – se – pue - de. Cómo llevar una vida normal viendo eso. Pues no. Yo ya ni lo intento. Mires donde mires ves rojo y blanco. Rojo y blanco rojo y blanco. Como el martini. Así no se puede.

Se cuiden.

3 comentarios:

Yvon dijo...

Me parece que eso es lo que tienes que hacer. Dejarte llevar y escribir lo que te apetezca en ese momento. Si quieres revisa ochocientas veces los relatos (¿aunque no seria mejor asumir los errores de un relato y aplicar ese conocimiento en el siguiente?) y aqui ya te lo tomas con mas tranquilidad, sin presion.

Y si, San Fermin esta a la vuelta de la esquina. A ver que se puede hacer, que el chupinazo cae en domingo.

Por ultimo, igual Tito y yo nos pasamos por Pamplona el dia 30 para pasar la noche ahi y salir al dia siguiente para la boda de Troncoso.

César Rina dijo...

Lei (disculpa las faltas de ortografia, pero mi teclado anglosajon no permite hacer alardes linguisticos de hispanidad) hace unos dias, no me preguntes donde, que una poesia nunca tenia final, pues siempre hay algo nuevo que cambiar. En definitiva, la literatura es un abandono, un hartazgo. Esta es la importancia del genio frente al burocrata. Machado, por ejemplo, era burocrata, pese a que idolatro sus versos.

Respecto a San Fermin, estoy comprobando a diario la importancia que adquiere esa fecha para los pamplonicas. Sin animos de senhalar, y sin acritud, me gusta el ambiente porque el caracter frio de cuadrilla y "antimaketo" (que nadie lo interprete con alusiones politicas) del otonho-invierno pamplonica me tenia sumido en una zozobra social.

Espero que el espiritu del panhuelo rojo pueda empapar a esta ciudad de la alegria del dia a dia.

Un abrazo. Paz, amor y Tibet libre.

Eduardo dijo...

No sé si os habéis fijado pero todos tenemos ganas de san fermín unos días antes y cuando llegan, sobre todo el 4º ó 5º día,después de habernos bebido hasta el agua de itoiz tenemos ganas de que acaben y de hacer barbecho.

Por supuesto, Pamplona está preciosa los días antes se nota no sólo en la gente sino en el aroma de la ciudad, en sus parques y en sus árboles.

Gracias por tus blogs Lucius!
espero que haya uno sobre los libros olvidados.

Por cierto, hay que hacer un campeonato del sietecillo