sábado, 16 de febrero de 2008

Triunfando

Me considero un genuino representante “de letras”. Con esta expresión, al menos hasta hace unos años, se designaba a los que estudiábamos principalmente para ganar siempre al Trivial, y para poco más. Historia, Lengua, Literatura, Idiomas Muertos y Bien Muertos, Geografía, Filosofía… Nos hemos distinguido siempre por tener más habilidades sociales que los “de ciencias” -cuando no estamos deprimidos-, y sobre todo por nuestra absoluta nulidad no sólo para encarar con posibilidades de éxito la vida actual, sino también para comprender con un mínimo de dignidad por qué se eleva un avión, por qué flota un barco, y por qué aparecen personas y paisajes tan parecidos a los reales –pero en pequeñito- dentro del aparato del televisor.

La televisión. Ese sí que es un invento. Qué buena es. Te sientas, y ya está. Que quieres ver Arte, ahí te enseñarán los dibujos del cole del hijo de la Obregón cuando no se está comiendo las alcachofas –de los micros, se entiende- de los periodistas. ¿Quieres Ciencia? Pues lee el historial médico y adictivo de los Matamoros y ya casi tienes el doctorado en Farmacia. Los Debates: la Esteban y el Lequio, la Bella y la Bestia –elige tú-, ahí es nada. Bueno, y no te olvides del Periodismo de Investigación, el que hace guardia día y noche junto al contenedor de la basura de la Pantoja para descubrir que ésta come chorizo del que pica. Todo. Todo lo que debemos saber, con mayúsculas y al alcance de la mano. Y no sólo eso. Ahora también la ayuda práctica e imprescindible para algo que se ha convertido en una prioridad nacional: sacar el artista que todos llevamos dentro.

Porque todos tenemos dentro un artista. En serio, de verdad de la buena. Si lo dudas es que no ves suficiente tele, y oye, eso no es bueno. Todos tenemos la obligación moral, el deber sagrado de sacar afuera el artista que somos desde siempre y no sabíamos. Pobrecillo, ese pequeño Bustamante dentro de nosotros, predestinado por un duende cabrón a una vida vulgar y sin brillo, un trabajo mediocre y unas relaciones nada V.I.P.’s.

No. Eso se acabó. Ahora, si tienes un sueño, hay toda una autopista asfaltada para llegar a él. Creo que nunca agradeceremos lo suficiente al Buen Dios la existencia de programas que te cogen de la mano y te ayudan a cumplir con tu Destino. Sé que hay detractores –perdedores frustrados, principalmente- que dicen que en el fondo lo que hacen es cogerte de las pelotas y ponerte allí donde ellos quieren, para exprimirte y sobre todo exprimir a una inmensa mayoría, consumidores de basura musical, visual y de todo tipo. No les hagan caso, son perdedores que no venden.

No sé, por ejemplo. Vamos a ver. Imaginemos que un amigo mío siempre ha sido bueno cantando. En las funciones del colegio, cuando no levantábamos un metro del suelo, siempre era él el que hacía los solos cuando nos vestían de corderillos o de árboles. Puede ser que a veces se atorara un poco, o que el miedo escénico le hiciera deshidratarse y le dejara semicomatoso, pero ahí estaban sus padres reforzando su vocación, armados con cámaras de fotos y de vídeo para sustentar gráficamente los inicios de la prometedora carrera del niño. Mira la Britney, qué maja sale en las fotos de cuando era cría, en las funciones del colegio.

Y ahora, en serio. En el fondo, lo más probable es que mi amigo disfrutara destacando sobre los demás. Y esa droga, como todas, es muy difícil de dejar. Y no hay nada malo en eso, supongo. El reconocimiento y el aplauso son el alimento del complicado y enorme ego de los artistas. Éstos no serían nada sin un ego a prueba de tanques, capaz de hacerles ver algo allí donde de momento no hay nada, o donde puede que haya algo que nunca será apreciado más que por cuatro locos como él. Pero perdona, que estaba hablando de mi compañero de colegio.

El chico va creciendo, lleva una vida aparentemente normal, y en un momento dado se apunta a un concurso de esos de la tele. Los castings de esos programas son sublimes. Son karaokes industriales donde la gente se lo toma en serio, se lo cree, de verdad. Y no digo que no haya gente con duende, con alma… con arte. Claro. De eso se trata. De seleccionarlos y de facilitarles las cosas lo suficiente como para que se olviden de lo que querían y cuál era su magia, si es que la tenían. No cabe duda de que las personas que ganan en esos programas tienen cualidades -ya me gustaría a mí tener aunque sólo fuera una-, y me alegro de que lleven la vida que llevan, posiblemente mejor que la que tenían. Son eficientes y guapos, no desafinan y han aprendido a respirar cuando deben. Pero me he vuelto a ir. Estábamos hablando de arte.

No, no era ese el tema. Me doy cuenta de que debo acabar, estoy desvariando. He empezado hablando de televisión y ahora estoy con el arte. Estoy mezclando aceite y agua. A uno de ciencias posiblemente nunca le hubiera pasado. Pero en fin, ya se sabe cómo son...

1 comentario:

Eduardo dijo...

Un abrazo a todos.

Me encanta esta iniciativa y su éxito depende de nosotros. Lucio, espero que hables del sietecillo alguna vez.

abrazos a ellas, besos a ellos

edu